> Río Vivo: febrero 2009

lunes, 16 de febrero de 2009

Primeros aviones


Bartolomé Olivares como coordinador del Aula de Naturaleza del Centro Penitenciario de Córdoba me propuso que explicara a los reclusos los valores naturales del tramo urbano del río Guadalquivir. Durante la hora y media que duró la sesión los nombres oficiales de las aves se mezclaban con los nombres locales, así el jilguero fue identificado como colorín, el verdecillo como chamarí y los mosquiteros como pichirichis o pinchauvas. Demostrando los participantes un gran conocimiento de nuestra fauna.
De vez en cuando, alguno de estos ciudadanos hacía alusión a los problemas que tenía el Río: contaminación con pesticidas provenientes de una agricultura intensiva, la basura que arrastran las aguas devaluando un hermoso paisaje, obras millonarias para proyectos inútiles... Desde luego que aquello no era un auditorio que se limitaba a oír sino un grupo de personas comprometidas por un medio ambiente más sano.
Acabamos la sesión del taller presentando la iniciativa de la Plataforma por un Río Vivo, potenciar este espacio urbano y fluvial como un lugar par un disfrute tranquilo para la ciudadanía a la vez que un enclave natural lleno de vida. También se entusiasmaron con la idea, nos desearon suerte y todo su apoyo.
A la salida vi los primeros aviones comunes (Delichon urbica) de la temporada; en una cornisa de la Prisión, casi al alcance de la mano, preparaban sus nidos. Inmediatamente me acordé de aquellos aviones que en las proximidades del Molino de Martos despeluzan las eneas para que sus semillas hagan los nidos más confortables.
El encuentro con estas personas, la luz de una tarde soleada y estas aves me dieron la sensación de que las entrañas de la tierra preparaban una nueva Primavera, un parto de una sociedad sin clases ni cárceles, un nuevo modo de producir y vivir con menos para que todos y todas vivamos mejor. Una sociedad donde los aviones anidan al alcance de la mano.

domingo, 8 de febrero de 2009

Pájaros locos


Conforme se alargan los días a nuestros mirlos  se les va yendo la olla y las actitudes prudentes que suelen tener aquellas especies que son bocado apetecible de los depredadores, son sustituidas por otras más audaces: cantar hasta la extenuación en posaderos visibles, perseguir a otros ejemplares en campo abierto, etc. De tal modo que rapaces, gatos y otros carnívoros hacen su agosto en pleno invierno.

¿Qué les mueve a los machos de mirlo común (Turdus merula) a poner en juego su pellejo?¿Dejar prendadas a las mirlas que le rodean?. Posiblemente no, porque estos pájaros son monógamos hasta que la muerte los separa (si bien es cierto que como otras especies de aves, el amor de su compañero o compañera tendrán que ganarlo con el sudor de su frente, con rituales más o menos trabajados). Este comportamiento bullicioso responde, más bien, a la necesidad de delimitar un espacio en el que sacar adelante dos o tres nidadas. Territorio que será más extenso cuanto menos recursos alimenticios haya. En nuestras ciudades, como vamos de sobraos, este territorio  es más pequeño.

Mientras el macho está dale que te pego con otros machos, la hembra de mirlo, con un plumaje más críptico, construirá un nido cerca del suelo donde pondrá unos cuatro huevos, a las dos semanas de haber salido del cascarón los jóvenes, antes de poder volar, se dedicarán corretear de aquí para allá alimentados por el macho a base de insectos y gusanos (ricos en proteínas), entre tanto la hembra iniciará una nueva puesta. Así hasta bien entrado el verano.

 

Y en otoño... mirlos y mirlas en pequeños grupos degustan los frutos de algún almez de esos que hay en el Balcón del Guadalquivir, acumulando fuerzas para lo que les espera.