
Nuestro río también esconde un tesoro, la nutria. Casi siempre pasa inadvertida, nadando sin hacer ruido, a la luz de la luna. Pero de vez en cuando se deja ver y los afortunados sienten que su corazón se acelera, haciendo escribir a un muchacho que su contemplación le proporcionó “la mejor tarde de mi vida de naturalista”. Isaac Ruiz, el autor de la foto, es un privilegiado por poder observar así a pocos metros a este magnífico mamífero cuya anatomía se ha ido haciendo con el agua.
Por eso el río es y puede ser una gran escuela, no sólo porque en plena ciudad acontece los ciclos de la naturaleza, los procesos de erosión y sedimentación, la historia de un pueblo ligado al Guadalquivir... Sino también, porque permite el asombro, la sorpresa ante lo vivo, en su imprevisibilidad ... sentimientos que hacen arraigar actitudes como las ganas de aprender y descubrir; el respeto y aprecio de cuanto nos rodea; el saber disfrutar de lo cotidiano...
Está muy bien los centros TIC, la realidad virtual es magnífica, pero donde se ponga la realidad realidad...


